Relatos y algunas historias

SER√Č TU PIEDRA DE LUNA

Seré tu piedra de Luna

Aquella ma√Īana del martes 16 de junio despert√≥ fresca. Las r√°fagas de viento no cesaban. Parece que Venus continua en la regi√≥n de Tauro y c√≥mo cuenta con el apoyo de Saturno y este se encuentra en la regi√≥n invernal de Capricornio, no permiten a este a√Īo que termine de llegar el verano. El aire apuntaba g√©lido igual que el ambiente de la casa. El sonido del viento tan constante durante esa noche hab√≠a sido un factor influyente m√°s, para no conciliar el sue√Īo. Un sue√Īo que no llegaba en una noche la cual, Carmela fue testigo de cada hora y cada segundo.

Intent√≥ dormir, vaya que lo intent√≥, su gran aliado el tremendo cansancio f√≠sico acumulado despu√©s de 10 interminables d√≠as de hospital con sus 10 noches. Practic√≥ varias t√©cnicas de relajaci√≥n que le ense√Īaron en aquel curso de yoga al que se apunt√≥, porque Rogelio la anim√≥ a hacerlo. ¬°Ay su Rogelio siempre anim√°ndola con todo! 

Se prepar√≥ un mejunje a base de tisana y valeriana, nada dio con el sue√Īo. Desesperada en su vac√≠a cama, primero boca arriba, luego boca abajo, de un lado y vuelta al otro costado. Nada consegu√≠a en ella la paz necesaria para alcanzar el sue√Īo, ya no hab√≠a consuelo en ella sin su Rogelio.

Por fin llegaron las 8:00 de la ma√Īana y su hijo Samuel ya estaba preparado esper√°ndola en la puerta. Apenas murmuraron un posible saludo de buenos d√≠as. Un gran abrazo y un beso lo dijeron todo. La pena les ahogaba. Ella era incapaz de hablar con √©l y Samuel no sab√≠a como gestionar todo ese marem√°gnum de emociones tristes y apagadas que sent√≠a al haber perdido a su padre, su referente; y por otro lado ver a su madre rota, perdida, quebrantada en una angustia insoportable. 

Desde el momento en que supo que su padre iba a morir, aquel oscuro 26 de marzo en la consulta del urólogo. Cuando el médico les informó del tumor. Rogelio tenía un tumor situado en el tramo inferior del colon en fase IV o fase terminal. Samuel no solo sufrió de dolor porque perdía un padre, sino porque con casi seguridad perdería también parte de su madre.

Carmela y Rogelio llevaban juntos 30 a√Īos desde aquel verano, donde ella con sus 22 a√Īitos reci√©n cumplidos y √©l a punto de cumplir los 24; se encontraron en las fiestas del pueblo de Rogelio. Rogelio hab√≠a nacido en Belvis de la Jara, un peque√Īo pueblo situado en la comarca de la Jara al suroeste de la provincia de Toledo. En agosto se celebran las fiestas de verano, en honor del ausente, donde se juntan todos los nacidos en el pueblo y que ahora viven en otros lugares. Aquel verano, Carmela acudi√≥ a las fiestas invitada por su amiga Paloma y su familia, ya que la madre de Paloma era natural de Belvis. 

Despu√©s de los bonitos y tradicionales fuegos artificiales, llegaba el baile en la plaza a manos de alguna orquesta con nombre rimbombante. Fue en medio de Paquito el chocolatero donde Rogelio tuvo que coger a Carmela de la cintura para el abrazo com√ļn que antecede al famoso ¬°Eh, eh, eh‚Ķ! Entonces ocurri√≥, surgi√≥ esa qu√≠mica tan compenetrada que mantuvieron hasta hoy, el d√≠a de su despedida. 

Eran una pareja envidiable, de esas que mantienen la llama a pesar de los a√Īos, de las que comparten todo y procuran est√°n juntos. Rogelio siempre fue un hombre decidido, alegre, con una energ√≠a desbordante, dicharachero no m√°s que divertido y siempre sorprendiendo a Carmela. Si √©l era el yang, ella era el ying; callada, seria, introvertida, demasiado medrosa y bastante apocada. Era una mujer muy sensata y responsable. Una mujer entregada en cuerpo y alma a su Rogelio, un Rogelio que beb√≠a los vientos por ella y consegu√≠a elevarla hasta las nubes solo con mirarla. Por eso ella sin su Rogelio no era nada, nadie nunca la hab√≠a hecho sentir, c√≥mo solo, √©l sab√≠a hacerlo.

Y su partida llegaba sin avisar, en tan solo tres meses, desde que les informaron de aquella fat√≠dica noticia. Rogelio ten√≠a un c√°ncer de col√≥n en fase IV, con met√°stasis en otros √≥rganos. Tan avanzado como incurable, c√°ncer terminal. Ya no se pod√≠a hacer nada, solamente esperar y aplicar medicaci√≥n para paliar los dolores. √Čl que estaba como un roble, no hab√≠a notado nada hasta que en navidades empez√≥ a observar un sangrado en las heces. Acudi√≥ al m√©dico y despu√©s de varias pruebas el resultado no pudo ser m√°s depravado.

Aquella nublada y ventosa ma√Īana del 16 de junio Samuel se dispuso a llevar a su madre al que ser√≠a el √ļltimo adi√≥s a Rogelio. Cuando llegaron al cementerio encontraron algunos familiares esperando, despu√©s llegaron los amigos √≠ntimos de la pareja y junto con m√°s familiares y vecinos formaron el cortejo perfecto para despedirse del que fue un hombre muy querido y apreciado por todos. Un gran amigo, padre y compa√Īero de vida que encontr√≥ el fin de su viaje con tan solo 54 a√Īos. 

Desde el momento que les dieron la nefasta noticia hasta hoy, el tiempo hab√≠a transcurrido muy r√°pido. Una muerte tan inesperada, nadie pod√≠a creerlo. La pena viajaba de un extremo al otro de aquella peque√Īa capilla del cementerio donde se despedir√≠an de Rogelio para siempre. Rogelio no quer√≠a irse, desde luego que no y lucho con u√Īas y dientes, aferr√°ndose a la vida y a su Carmela. Siempre con optimismo, con una sonrisa valiente en su rostro. En tan poco tiempo la enfermedad le deterior√≥ f√≠sicamente y a pesar de todo nunca alter√≥ su car√°cter; mantuvo su alegr√≠a y entusiasmo hasta el √ļltimo suspiro de vida. Combati√≥ como un gran h√©roe, solo que, con desventaja, su enemigo era m√°s fuerte y le gan√≥ la batalla.

El funeral fue breve, no ten√≠a sentido alargar m√°s el dolor. Y as√≠ entre nudos de garganta, l√°grimas en las mejillas y corazones rotos todos los familiares y amigos fueron despidi√©ndose de una desolada Carmela y un afligido Samuel. 

Rogelio quiso ser incinerado y que sus cenizas reposaran sobre alguno de los acantilados de su amado mar Cant√°brico. Adoraba ese mar donde tantos y tantos a√Īos hab√≠an veraneado. Las vacaciones de verano a√Īo tras a√Īo las disfrutaban igual: primero en Cantabria y luego iban unos d√≠as al pueblo de Rogelio a visitar a la familia y rememorar las fiestas donde se conocieron. 

En Cantabria es donde fueron felices. Donde cada a√Īo disfrutaban de unos d√≠as maravillosos de descanso y a la vez, iban viendo como su peque√Īo Samuel crec√≠a hasta convertirse en un hombre. Los a√Īos en los que Samuel prefer√≠a unas vacaciones haciendo submarinismo en el Mar Rojo o descubriendo la cordillera de los Alpes, a Cantabria, ellos continuaron yendo. Era su refugio de paz, su lugar en el mundo donde recargar la energ√≠a desgastada por el trabajo y las responsabilidades diarias. 

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