
SERÉ TU PIEDRA DE LUNA
Al siguiente día del funeral, porque Carmela no soportaba demorarlo más. En la más estricta intimidad Samuel y Carmela realizaron los 418 kilómetros más largos de su vida, que separan Madrid de Cócebres, en Cantabria. Allí en el acantilado de Bolao, sin duda el favorito de Rogelio. Dejaron toda una vida de alegrías, de paseos cerca del mar, de cumpleaños, de reuniones entre amigos, de comilonas saciables e infinitas tardes al mus. En definitiva, la historia de una vida, la de Rogelio.
El acantilado de Bolao es un lugar único, una maravilla de la naturaleza, donde el arroyo de la presa se une a un bravío Cantábrico. Un sitio con unas vistas magnéticas, donde el verde de la pradera parece que se alinea al azulón del mar. Un lugar donde sentarse a contemplar la grandeza de la vida y donde Rogelio y Carmela pasaban tardes enteras disfrutando de sus vistas.
Samuel sin parar de llorar miró a su madre mientras con su brazo la rodeó por los hombros y la atrajo hacia su pecho. Carmela, que con cada sonido de las olas chocar con las rocas, solo podía recordar la primera que fueron allí. Podía escuchar a Rogelio cuando vio aquel acantilado la primera vez:
—¡Mira Carmela es increíble! ¿Tu has visto como rompen las olas? ¡Madre mía nunca he visto nada igual! En este lugar esta claro quien manda y ese es el mar—Casi como un niño pequeño, entusiasmado el día de Reyes al ver los regalos, así disfrutaba Rogelio de aquella maravilla de la naturaleza.
Pasaron allí el resto de tarde, madre e hijo abrazados, destrozados, sin poder ni articular palabra. Empezaba a anochecer y fue Samuel el que dijo:
—Mamá es hora de irse. Vendremos todas las veces que quieras, te lo prometo.
Pero ella sabía que no sería así, Samuel regresaría a terminar su erasmus en Birmingham. Después comenzaría a trabajar, conocería a alguien. Lo normal a su edad, tenía que forjar su camino. Aún así le reconfortaba oírselo decir. Samuel era un chico muy cariñoso y aunque estuviera lejos siempre llamaba y se preocupaba por sus padres. Eran una familia muy unida.
Pasaron en Santander la noche y al día siguiente volvieron a Madrid, nada les ataba allí. Después de pasar unos días con su madre y arreglar todos los papeleos correspondientes al fallecimiento, Samuel regresó a Birmingham, todavía le quedaban casi dos meses para terminar su erasmus.
El transcurrir de los días siguientes a la ida de Samuel, para Carmela fueron eso transcurrir nada más. Se levantaba porque tampoco aguantaba más estar en la cama, aunque realmente le daba lo mismo estar en un sillón, en la cama o en una silla. Simplemente dejaba que pasaran los días, que el tiempo avanzara por eso que dicen que todo lo cura. Ojalá fuera verdad y el tiempo le curará esa gran herida que tenía su corazón.
No tenía nada que hacer, ni a donde ir. Carmela ha dedicado su vida además de a su familia a sus amados niños de primaria a los que les da clase. A raíz de diagnosticarle a Rogelio su final, ella decidió pedir una excedencia y así poder acompañarle lo que le quedaba de vida. Ahora solo quedaban 3 días para terminar el curso, le aconsejaron que mejor se recuperara en casa, dejara pasar el verano y se reincorporara en septiembre.
Samuel llamaba todos los días a su madre para comprobar como seguía, la animaba a estar un poquito mejor, dios sabe que si ella seguía en pie era por él. El motor de su vida junto con Rogelio era Samuel, por él tendría que luchar contra el dolor y la ausencia de su Rogelio.
Paloma la visitaba un día si y uno no, cuando finalizaba el trabajo y antes de regresar a su casa. Un día le llevaba un libro nuevo, otro alguna revista, algún bizcocho casero. Hasta se inventó un arreglo del bajo de un vestido, para que Carmela lo cosiera y así se mantuviera entretenida en algo. Era una gran amiga y mantenían esa bonita amistad desde el instituto.
Por otro lado, las llamadas y los mensajes al móvil no cesaban, aún así Carmela a pesar de sentirse muy afortunada por tener tanta gente alrededor mostrándole su cariño y su apoyo, se sentía muy sola. ¿Con quién compartiría ahora sus confesiones? ¿Quién la animaría a realizar cualquier actividad divertida? ¿Quién la cogería de la mano y le daría un beso de buenas noches? ¿Quién? ¿Quién? ¿Quién?
Un día de esos iguales al anterior, de esos que intentaba pasar desapercibida en pijama. Un día como los anteriores sin Rogelio de los que ella solo deseaba que pasara muy rápido. Sin embargo, ese día ocurrió algo, estaba claro que ese día iba a ser diferente a los demás y para Carmela quedaría para siempre en su memoria.
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