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VÍSTETE CON UNA SONRISA

Sonrisa ¿Qué es la sonrisa?

Una expresión que surge de una emoción, una sensación, un simple movimiento de los músculos que rodean los ojos y la boca, quizás.

Viene de dentro unido a nuestro estado de ánimo. No nos paramos a pensarlo, sólo la mostramos. Surge o no surge. La vemos en los demás o intuimos que la tenemos nosotros mismos. Cuando aparece la notamos, eso es verdad; vemos el poder que tiene, aunque le restamos importancia. Es quizás cuando no está, ahí nos damos cuenta de su ausencia. Al desaparecer, sentimos su partida, esa gran carencia.

Entonces nos preguntamos ¿por qué se fue? ¿Tengo yo la culpa? ¿Para qué la necesito? ¿Cómo puedo recuperarla? Porque, es en ese momento cuando somos conscientes de que la necesitamos y mucho. Nuestra vida es muy diferente cuando mostramos una sonrisa.

Mi morena la sonrisa de Julia Roberts
La gran sonrisa bella e inspiradora de Julia Robert.
Por cortesia de Elle.com

Notamos que nos hace falta; realmente no somos los mismos sin ella. Hasta nuestro día más gris cambia con ella. Con ella es como ingerir cafeína en cantidades industriales. Es un subidón de alegría que a veces hasta duele.

¡Probarlo!

Si aquel chico de allí, el que carga con una pesada mochila, auriculares y una gorra, llevara puesta una sonrisa. Seguramente tendría un mejor día, notaría más liviana su mochila. La música que irá escuchando estará animándole paso a paso. Su examen le resultará más fácil y conseguirá mejor nota. Hasta puede que la chica de la penúltima fila se fije en él y… surja alguna bonita y gran historia.

¿Y la señora de edad avanzada con sus zapatitos de charol y sus bolsas de la compra? Si en su longevo rostro luciera una gran y brillante sonrisa; es posible que pareciera mejor persona: más amable o entrañable. Así conseguiría que otra persona reparara en ella y pudiera ayudarla a cargar las bolsas de la compra. Después se sentiría afortunada y muy agradecida. Hasta sus zapatos de charol brillarían más, estaría monísima, rejuvenecida.

El señor que fuma un cigarro en la puerta de aquel bar, después de un largo y duro día de trabajo, deambula por sus pensamientos. ¿Dónde está su sonrisa? ¿Dónde la perdió? no logra acordarse. Su luz cada vez más apagada. Le cuesta desempolvar su sonrisa perdida. Empieza a notar un dolor profundo. Cree que ya su sonrisa no volverá. Lo que no sabe es que, si tan solo sonriera una vez, si recordara donde perdió su sonrisa; estoy segura de que su dolor aminorará sin que se de cuenta, de forma espontánea. Se sentirá fuerte, ágil y su día de trabajo, aunque siguiera siendo largo, seguro que menos duro.

Para mi asombro he descubierto que algo tan chiquitito alcanza algo tan grande.

Por esas razones, ese pequeño gesto en nuestro rostro consigue que nuestros sentidos vayan al lado más optimista. Nuestros pensamientos cambian. Dejamos de ver la gama de los grises y comenzamos a ver toda una gama de color: amarillos, rojos, verdes etc. Oímos palabras más bellas que salen de nuestra boca. Disfrutamos mucho mas de cualquier sabroso alimento y hasta los olores se trasforman.

Algo que nos hará sentir mejor, algo que mejorará nuestro día; que mostrará a los demás lo mejor de nosotros y a nosotros lo mejor de ellos. Nos dará una sensación tan confortable, soltará nuestros agarrotados músculos y relajará nuestro cerebro. Reducirá nuestros dolores. Seremos mejores, aunque solo sea un instante.

Pensarlo, ¡qué gran instante! Pequeño y gran momento ¿Por qué no conseguirlo? Nuestras vidas deberían estar llenas de grandes instantes. Es fácil, es sencillo, no cuesta nada, solo: Vístete con una sonrisa y sonríe, aunque sea sólo para ti.

Como dijo Teresa de Calcuta:

“La paz comienza con una sonrisa”

-Que la Luna os sonría-

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