Relatos y algunas historias

SOLO FALTABA UN PEZ ESCORPIÓN

¡Ay el año 2020! Año inolvidable desde luego. Recuerdo lo que lo ansiaba, las ganas que tenía que llegara. Me fascinaba un año tan redondo, capicúa, bisiesto, cambio de década. ¡Uf lo tenía todo! ¡Vaya si lo tenía! Solo faltaba un pez escorpión.

Pensaba que iba a ser importante, que sería un gran año. No pude equivocarme más. ¡Menudo año!

En enero nos visitó la borrasca “Gloria”, un ciclón extratropical llegado desde Estados Unidos y que pasaba por aquí hacia Europa. ¡Majísima ella! Aunque podría haberse ahorrado la visita, total solo dejó inundado el sureste de España y Baleares, 13 muertes y 4 desaparecidos. También inundó de manchas de humedad las paredes de mi apartamento de la playa, invitando a alojarse a la vez, algunas pequeñas y microscópicas especies del reino Fungi como el molesto moho.

Sin recuperarnos todavía de Gloria, aparece el coronavirus y nos mantuvo encerrados en casa, prácticamente 4 meses. 

Manteniendo esa complicada relación con la Covid-19, en la “nueva normalidad”, por fin llegó Julio y las ¡vacacioneeees! 

Mis hijos este año más que nunca deseaban la playa, imagino que los casi 70 días de confinamiento tendrán algo que ver. Así llegó el día que pusimos rumbo a Castellón. Maletas cargadas en el maletero, niños abrochados y conectados a sus respectivas pantallas (si ya se que pedagógicamente no es lo adecuado, lo que os puedo asegurar que 3 niños, casi 500 km por delante y después de casi 4 meses de encierro tele-trabajando y tele-estudiando, lo hacen un medio para sobrevivir). Los dispositivos electrónicos son una increíble solución para mantener la paz, crear silencio y conseguir que perdure la cordura de los padres.

Una vez establecidos en la playa, maletas deshechas y colocadas, compra realizada y votación finalizada sobre el planning del día. Agarramos los bártulos playeros tal cuál Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí”, (sólo que en vez de gallinas llevamos sombrillas, cubos y palas) y nos decidimos ir a dar nuestro primer remojón del verano en el mar. Este año con nuevo accesorio: “la mascarilla”.

Aterrizamos en una playa, la cual creíamos conocer después de frecuentarla durante 11 años. Sin embargo, aquella playa ancha, extensa, con arena fina que parecía interminable, ahora casi había desaparecido. Unos montones de piedras ocupaban el lugar de lo que antes fue una hermosa playa. Gloria, es el nombre de la culpable.

Conseguimos encontrar un espacio de arena y a la vez separados de la gente. Allí nos plantamos: clavamos las sombrillas en la arena, nos embadurnamos de crema y desplegamos las sillas. Dispuestos a bañarnos.

Mi marido y los niños se adelantan corriendo como si el mar fuera a desaparecer y se quedaran sin él para siempre. Yo pausadamente fui caminando hacia la orilla. Cuando el agua comenzaba a rozar mis pies, lo noté.

– ¡Aaaaaaaayyyyyyyy! – Creo que mi chillido se oyó en media parte del mundo. 

Al principio creí que había pisado un trozo de concha, hasta que lo vi escabulléndose por el agua. Hasta entonces no conocía la existencia del pez escorpión o pez araña en las aguas del Mediterráneo. Ni de su veneno y mucho menos de su afición a esconderse bajo la arena en la orilla, mimetizado con el color del suelo arenoso.

Mi morena Solo faltaba el pez escorpión cara asombro

Sentí como una punzada tremenda me atravesaba el dedo gordo del pie y ascendía por todo mi cuerpo hasta mi cerebro. Fue un dolor muy intenso. Por un momento no me podía mover, el dolor me hizo paralizarme. 

Al principio creí que había pisado un trozo de concha, hasta que lo vi escabulléndose por el agua. Hasta entonces no conocía la existencia del pez escorpión o pez araña en las aguas del Mediterráneo. Ni de su veneno y mucho menos de su afición a esconderse bajo la arena en la orilla, mimetizado con el color del suelo arenoso.

Como pude, levanté un poco el pie y no vi sangre, bien me dije. Luego sobre el pie sano fui dando saltos a pata coja vuelta a la sombrilla y conseguí sentarme en una de las sillas. Me miré el lugar donde me dolía, concretamente el dedo gordo del pie izquierdo. 

El dedo había triplicado su tamaño y comenzaba a tener un color azul-amoratado que no me gustaba nada. El dolor no cesaba. Me asusté y deduje que aquel pececillo de apariencia amigable que vi unos minutos antes tenía algo que ver. Yo no pretendía pisarle, no fue mi intención. ¡Que culpa tenía yo de que a él le gustara jugar al escondite! ¡Desde luego había sido mala suerte! Sólo se me ocurre a mi plantar el pie justo encima del lugar donde él reposaba.

– ¿Qué te ha pasado? – me preguntó mi marido. Los niños y él regresaron viendo que algo me ocurría.

Le enseñé el pie y ya no tuve que explicarle nada más. 

-Vamos tiene que verlo el socorrista – dijo mientras me ayudaba a levantarme.

Menos mal que la caseta de los socorristas no estaba lejos, porque no sé, si a causa del veneno introducido por el pez en mi cuerpo (que produce efecto vasoconstrictor y causa mareos) o el verme el dedo cada vez más enorme y morado; me estaba mareando.

El socorrista que me atendió me confirmo que un pez escorpión o también llamado pez araña me había picado. Realmente se defendió cuando notó como mi pie se le abalanzaba. Desplegó la aleta dorsal que tienen estos peces llena de espinas venenosas y la hundió en mi piel, introduciéndome una neurotoxina y después se dio a la fuga, simple.

El socorrista limpió y desinfectó la zona del pinchazo. Me aplicó un corticoide y me dio un analgésico. Me recomendó que fuera a un centro médico de urgencias.

El médico indicó que me diera baños de agua caliente. Me recetó antibióticos y aconsejó que como el dolor y los síntomas duraría aproximadamente una semana, hiciera reposo.

Estas han sido mis geniales vacaciones de verano del inolvidable 2020. Aunque no os lo creáis porque os puede parecer una calamidad, a pesar de los dolores, le estoy muy agradecida al “simpatiquillo” pez escorpión que me picó. Ya que, fue el responsable de que tuviera unas verdaderas vacaciones; donde mientras yo guardaba reposo, mi marido y los niños se encargaban de todo y lo más importante me consentían y cumplían todos mis deseos. 
Mi morena Solo faltaba el pez escorpión Pez
Pez escorpión: bonito sí y ladino también 😆

-Que la Luna os sonría-

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