Mi morena La plaza del Indiano
Relatos y algunas historias

LA PLAZA DEL INDIANO

Todos los d√≠as aparec√≠a aquel caballero tan galante, se notaba que era un hombre de edad avanzada, a√ļn as√≠ con un porte elegante. Llevaba un sombrero ingl√©s y un alfiler con un barquito en la corbata. Lo que m√°s llamaba mi atenci√≥n es un precioso pa√Īuelo rojo de mujer que ataba con mimo y delicadeza en una de las ramas de aquel √°rbol centenario situado en medio de la plaza, muy cerca del puerto. Luego se sentaba en el banco m√°s pr√≥ximo y permanec√≠a all√≠, quieto y callado, contemplando el bailoteo del pa√Īuelo alrededor de la rama. Una media hora despu√©s, sin decir nada se levantaba, desataba el pa√Īuelo y comenzaba a andar hacia la calle que bajaba al puerto.

Llevo tan solo un mes viviendo frente aquella plaza. Frente aquel bello y voluminoso √°rbol, con unos troncos gigantescos, el cu√°l ten√≠a algo especial, algo as√≠ como si quisiera contar todas las historias que ha vivido o presenciado. Me dijeron que es un ficus y me contaron que por lo visto lo trajeron de las indias a primeros del siglo XX. Una familia del pueblo que march√≥ para all√°, hacer fortuna y cuando regres√≥, adem√°s de dinero trajeron este bello √°rbol plantado en una maceta. Por eso se le conoce como el ‚ÄúIndiano‚ÄĚ a cuyo nombre se le atribuye el de la plaza: Plaza del Indiano y esa era mi nueva direcci√≥n.

Durante este mes, sin excluir ni un solo d√≠a, he visto como el caballero del sombrero acude a su cita diaria. Es por ello, que mi curiosidad cada d√≠a es mayor y este ocupada o no, todos los d√≠as a las cinco en punto me asomo a mi peque√Īo balc√≥n para observar a ese caballero que despierta mi total inter√©s. Hasta ahora creo que no se ha dado cuenta de mi presencia, act√ļa de manera natural sin creer que tiene espectadores.

√Čl, sin saberlo consigue que se me olvide el porqu√©, estoy aqu√≠. Durante la media hora que permanece contemplando al Indiano y a la vez yo contemplo al caballero, mis miedos desaparecen y el motivo de mi huida.
Elegí este encantador pueblecito de costa por la sencilla razón, que nadie me podía relacionar con él. Fue aleatoriamente, el lugar me daba igual, solo me importaba el porqué, el cuándo y el cómo.

Llevaba mucho tiempo necesitando respirar. Sabía que tenía que dejar atrás toda mi vida anterior. Era consciente de que me estaba enfermando esa vida y que, si seguía allí, entre el asfalto, el ritmo frenético y junto a él, mi vida no terminaría bien.

Un d√≠a como otro cualquiera. Apagu√© el despertador a las siete de la ma√Īana. Me duch√© y mientras tomaba de pie una taza de caf√© e iba preparando todo para salir corriendo hacia el trabajo; apareci√≥ un pajarito, se col√≥ por la ventana, sin un √°pice de verg√ľenza fue directo a la encimera de la cocina, picote√≥ las migajas que hab√≠a, abri√≥ sus alas y desapareci√≥ de mi vista por la misma ventana.

Este hecho sencillo para algunos, insignificante para muchos despertó en mí algo que permanecía latente. Estuve todo el día dándole vueltas y más vueltas.

¬ŅPor qu√© no pod√≠a yo, ser aquel pajarito?

Al día siguiente en uno de los descansos del trabajo, abrí un buscador de casas, llamé a la primera que apareció y dos días después estaba despertándome en una encantadora casa de piedra frente a un inmenso árbol y observando a un misterioso caballero.

Nadie de mi entorno lo entendi√≥, tampoco ped√≠ que lo hicieran. √Čl se enfad√≥ mucho, incluso m√°s de lo que lo hac√≠a habitualmente. Con un: ‚Äúsi es lo que quieres, espero que cuando vuelva no est√©s‚ÄĚ seguido de un portazo, termin√≥ algo que llevaba cinco a√Īos oprimi√©ndome el pecho. En el trabajo fue algo m√°s sencillo, solo tuve que firmar varios papeles y ellos se encargar√≠an de todo.

Y as√≠ llevo un mes, intentando poner orden en mi vida mientras deseo descubrir qui√©n se esconde detr√°s de ese sombrero y porqu√© ata un pa√Īuelo rojo en la rama del Indiano.

Una tarde me aventuré a seguir al misterioso caballero. Esperé preparada en casa mientras el descansaba en el banco y cuando se levantó y comenzó a caminar, yo salí detrás de sus pasos.

Tal y como sospechaba se dirigió al puerto, se detuvo un momento a charlar con varios pescadores que se encontraban allí haciendo las tareas necesarias en sus respectivas barcas. No pude oír lo que decían, ya que para que no se dieran cuenta de mi presencia tuve que mantenerme lejos. Eso sí, como imaginación no me falta me lo inventaba.

‚ÄĒBuenas tardes, ¬Ņcomo se ha dado la cosa?‚ÄĒintu√≠a que dec√≠a mi caballero misterioso.

‚ÄĒRegularero, el aguaje no ha permitido mucho.‚ÄĒle respond√≠a uno de los pescadores.

Luego pensaba que hablarían del tiempo, de política y de los achaques típicos de la edad.

La conversaci√≥n no fue muy larga y mi caballero sigui√≥ su marcha por el paseo que comienza en el puerto y va hacia la playa. Caminaba a buen ritmo a pesar de la edad que yo pod√≠a calcular que ten√≠a. No soy buena en esos c√°lculos, creo que le echar√≠a unos 75 a√Īos aproximadamente.
Continuaba sigui√©ndole, a veces me sent√≠a un poco rid√≠cula. ¬ŅQu√© necesidad ten√≠a yo de estar siguiendo a este se√Īor? Menudo apuro si llegara a darse cuenta. Parec√≠a una cr√≠a peque√Īa, y es justo la curiosidad de ni√Īa la que me imped√≠a frenar.

Después de caminar por la orilla de la playa, volvimos a adentrarnos al pueblo y en una de las callejuelas serpenteantes y estrechas, llenas de casitas bajas pintadas de colores, perdí a mi misterioso caballero. Lo cuál imaginé que viviría en una de esas casitas.

Por un momento me sent√≠ boba, ¬°mira que estar siguiendo a un se√Īor! ¬°En que estar√≠a pensando! Me fui para mi casa y mi asegur√© de convencerme que no lo har√≠a m√°s.

contin√ļa en la p√°gina 2 ‚¨áÔłŹ link

P√°ginas: 1 2