Mi morena Black Witch Mariposa negra
Relatos y algunas historias

BLACK WITCH

La cosa funcionó, iba sobre ruedas y nosotros ganando dinero fácil y rápido. Dinero, el cuál, la mayoría de las veces lo perdíamos en las partidas de póker ilegales que organizaban Los Bakoza.

Durante unos años de apogeo, nos sentíamos los amos del mundo. Fue a raíz de conocer el Flaco a Irene, cuando el castillo de naipes poco a poco se fue desmoronando. Irene trabajaba en la peluquería donde acudíamos todas las semanas, principalmente para retocarnos la barba. La gente creía que éramos programadores de software y por eso trabajábamos desde casa, Irene no fue una excepción y durante un largo tiempo lo creyó a pies juntillas.

Tarde o temprano era de esperar que ella se enterara de nuestros sucios negocios y así ocurrió. El Flaco enloqueció cuando Irene le dejó y me culpó a mi de todo. En parte fue por un despiste que tuve, aunque en algún momento, ella lo iba a descubrir. Flaco y yo tuvimos una fuerte discusión y tras ver que el Flaco no entraba en razón, decidí marcharme a otro lugar. Poner distancia de por medio hasta que todo volviera a su cauce. Alquilé una casita en un pequeño y tranquilo pueblo, no muy lejos de la ciudad donde había pasado mis últimos años.

Dejé pasar unos meses de asentimiento y pasado ese tiempo un viernes 18 de febrero acudí a la partida de póker de los viernes noche. Fui con la intención de hablar y reconciliarme con mi amigo, solo que, para mi sorpresa, él, ya no estaba en mi misma sintonía. Esquivó mi saludo, mi mirada y durante todo el tiempo que duro la partida la tensión se mascaba en el ambiente. De repente empecé a ganar, doble mi apuesta y terminé siendo el vencedor. Uno de los jugadores (casi con total seguridad por mediación del Flaco) me acusó de haber hecho trampas, por supuesto yo lo negué, la situación se puso muy, pero que muy fea. El cabecilla de Los Bakoza se puso nervioso, creyendo que me llevaba su dinero de manera inapropiada, hizo un gesto a sus matones, inmediatamente estos se movieron hasta situarse uno a cada lateral mío.

Preguntaron al Flaco si respondía por mí, el me negó tres veces, como hizo Pedro con Jesús, aunque el Flaco más bien se había transformado en Judas Iscariote. Viéndome sin salida, representé la partida de nuevo con el designio de convencer al cabecilla y no valiendo mi estrategia, solté un órdago.

– Solo una más, tu y yo, si pierdo el dinero es tuyo – dije con un aire de valentía.

El cabecilla un jugador empedernido acepto sin dudarlo. El resultado no lo esperaban, gané y me fui a casa con 30.000€

Haciendo honor a mi nombre, siempre fui un inocente, creí que el asunto estaba resuelto. El sábado 19 pasó sin pena ni gloria, el domingo 20 desperté con ese sueño espantoso al que traté de no darle importancia, obvié cualquier atisbo de posibilidad de pensar que mi vida corría peligro, hasta terminó haciéndome gracia la visita de la back witch. El lunes 21 realicé varios recados y recapacité sobre la vida que llevaba. La ruptura con el Flaco significó para mi, el desencadenante de que ya era hora de dejar atrás esta vida, de dejarlas a ellas también atrás y de una vez por todas dar la vuelta al contador y comenzar de cero.

El martes 22 acudí al médico a pedir ayuda sobre mis adicciones, actualicé mi curriculum y empecé seriamente a buscar trabajo.

Esa noche recibí la visita inesperada del que había sido mi amigo los últimos diez años, el Flaco se presentaba en mi casa a la 1 de la madrugada. Mi primera reacción fue una alegría inmensa, “ha venido a reconciliarse por fin” – pensé – a pesar de tener decidido mi cambio de vida, el Flaco había sido importante para mi.

Su mirada de rencor y el gesto áspero de su rostro me advirtieron que la visita no era con el fin que yo creía. Sin andarse por las ramas me exigió el dinero de la partida y posteriormente me amenazó con matarme si no se lo daba. Intenté dialogar con él, pero fue en vano, hasta negocié un porcentaje cuando vi como extraía una navaja del bolsillo de su pantalón. Me mantuve quieto, pensé que, si perdía los nervios, él, se alteraría más. Cuando iba a explicarle que no era necesario desafiarme con un arma, que nuestra amistad era más valiosa, que las cosas se arreglan hablando, que por fin había entendido el propósito de la vida, el significado de ser feliz y que él podía acompañarme en mi resurgir, me asestó tres puñaladas como las tres negaciones que me hizo la otra noche.

Al darse cuenta de lo que había hecho y verme en el suelo desangrándome le asustó. Esa visión fue la que le devolvió a la realidad, al observar la atrocidad cometida, solo fue capaz de huir. Salió despavorido de mi casa dejándome moribundo, agonizando mis últimos anhelos de vida.

La tarde siguiente una vecina alertó a emergencias, sospechaba que algo había ocurrido. Encontraron mi cuerpo sin vida alrededor de un charco de sangre y algunos retazos de lo que fue una vida nefasta para alguien que deseaba dejar de ser oruga y transformarse en mariposa.

Mi morena recogiendo el premio Black Witch
Relato ganador del 3º premio del VIII concurso de narrativa breve Premios Esteban Díaz (Ugena 2021)

-Que la Luna os sonría-

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