Mi morena Suicidio en adolescentes
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SUICIDIO EN ADOLESCENTES: CUANDO ANHELAS LA MUERTE MUY PRONTO

El suicidio en adolescentes: cuando anhelas la muerte muy pronto, en los últimos tiempos han aumentado alarmantemente.

Cuesta comprender que un joven corazón desee abrazar a la muerte. La muerte es parte de la vida y debemos entender que un día llegará, por lo tanto, dejemos que sea la vida la que la traiga cuando tenga que traerla y no vayamos a ser nosotros quien, la busquemos.

   Desde niña una de las cosas que más me ha sorprendido, inquietado y me ha costado comprender es exactamente esa búsqueda: el suicidio. Ahora que he crecido y soy madre, el suicidio en jóvenes u adolescentes ya no solo me inquieta, me aterroriza.

   Daría tanto por convertirme en luciérnaga, volar hacia sus orejas, introducirme por sus oídos, hasta llegar a sus mentes y ahí, sacarles de esas tinieblas y mostrarles mi luz, la luz de la vida.

   Nunca entendí porque antes y quizás ahora también, el suicidio fuera tabú, pecado o vergonzoso. Hay que ser valientes para arrebatarle la vida al ser que más deberíamos querer en el mundo, nosotros mismos. Hay que estar muy rotos por dentro. Sin embargo, hay quien piensa que es de cobardes no afrontar el problema que te ha llevado hasta allí, nunca lo compartí. ¡Cómo va a ser de cobardes un acto movido por un dolor enorme que anida y controla tu corazón! Un alma a la que se le apagó la luz, nadie supo ver como se iba apagando y ella sin saber pedir auxilio. Un alma que vive encarcelada en un sufrimiento atroz del que necesita escapar. Empecemos a ver el suicidio como lo que es: parte de una patología psiquiátrica, una enfermedad mental, que, como tal, necesita asistencia.

   La adolescencia es una etapa donde la vida no está definida, todo es nuevo, la incertidumbre de que seré, donde terminaré o que pasará con mi vida es la sombra perenne de esas vidas que están buscando su camino, por lo que, sin tener la vida definida a veces hay un fino cordón hacia la muerte, algo igual de indefinido y desconocido que la vida. Algo misterioso, oculto, totalmente desconocido porque tenemos esa fea costumbre de no hablar de la muerte, ni entre adultos, ni mucho menos con nuestros hijos o niños.

Al igual que solemos pensar que por tener corta edad no se sufre como lo hacemos los adultos, pensamos que sus problemas no son tan importantes como los nuestros. A veces puede ser cierto que realmente no sean graves (aunque para ellos sea todo su mundo) la cosa es que otras veces si que son muy graves. Existen algunos factores de riesgo: acoso, divorcio, rechazo por su orientación sexual, pérdida de un familiar o mascota, baja autoestima, etc. Y si los adultos no sabemos manejar nuestras emociones, resolver esos problemas o enfrentarnos a las adversidades de la vida, como lo va a manejar alguien de 15 años, por ejemplo. 

   Es comprensible que las generaciones pasadas no supieran derrotar a sus dragones, pero hoy en día con toda la información, la ayuda y los especialistas que conocemos es accesible para todos el disponer de herramientas para ello. Enseñar a nuestros hijos esas herramientas, para que cuando el cielo se les caiga encima, el techo se derrumbe o el mundo explote a su alrededor, tengan la habilidad de un modo u otro de escapar del dragón mirando a la vida de frente, mientras nosotros le tendemos nuestra mano para hacerles la huida-vida más fácil.

   Desde mi pequeño rincón del mundo no pretendo buscar culpables, tan solo alzar la voz ante algo que debe de dejar ser un secreto y empezar a desnudarlo. En la sociedad tan evolucionada en la que vivimos la salud mental debe ser prioridad y más aún en niños y adolescentes, simplemente porque son nuestro futuro y merecen una vida larga, que su montaña rusa no termine nunca.

  Una de las mejores medicinas para reforzar la salud mental, es decir: Te quiero.

-Que la luna os sonría-

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